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Las dos caras de la demencia.

Mientras avanza mucho el conocimiento de las causas, el deterioro cognitivo asociado a la edad no tiene todavía ni cura ni tratamiento preventivo eficaz.

Author: MundoMayor/jueves, 11 de enero de 2018/Categories: Mayores y Dependencia, Sanidad y salud, Ciencia e Investigación

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El científico británico Christopher Dobson es el director de una nueva unidad de investigación en la Universidad de Cambridge cuyo nombre se podría traducir por Centro de las Enfermedades Mal Plegadas. El nombre suena raro pero refleja la importancia y la atención que se presta a las enfermedades causadas, sin que se sepa todavía cómo, por proteínas conocidas que se pliegan de forma anormal y resultan infecciosas. Entonces se llaman priones. La infección por proteínas (que no contienen material genético como sí lo tienen virus y bacterias) era un concepto herético hasta hace pocas décadas que los científicos no han tenido más remedio que aceptar a la vista de las pruebas en el caso de la variante humana de la enfermedad de las vacas locas. Además, un número significativo de enfermedades neurodegenerativas, como las demencias, se asocian a la acumulación de proteínas en el cerebro que se transmite de neurona en neurona e impide su funcionamiento normal.
Desde que se asoció defintivamente a los priones la enfermedad de las vacas locas en humanos, ya en el siglo XXI, las investigaciones han hallado acumulación de proteínas en enfermedades neurodegenerativas como la de Huntington, el párkinson, el alzhéimer y la enfermedad con cuerpos de Lewy, entre las siete demencias principales asociadas a la edad, y también en la esclerosis amiotrófica lateral. En algunos casos existe un gen supuestamente responsable del proceso de acumulación en el cerebro de proteínas tóxicas y en otros todavía no se ha encontrado, pero sí se están dando grandes pasos para desentrañar las rutas metabólicas que causan la muerte de neuronas y sus devastadoras consecuencias para los pacientes de estas enfermedades sin cura.
No se puede decir lo mismo respecto a las muchas supuestas terapias preventivas y consejos sobre estilo de vida que pululan para evitar desarrollar demencia o frenar su avance. Un completo repaso de lo que está comprobado, en forma de cuatro informes en la revista Annals of Internal Medicine, desmonta casi todos los mitos. Entrenar el cerebro, tomar medicación sin efectos demostrados, hacer ejercicio, mantenerse activo o tomar suplementos dietéticos no parece influir en que se tenga o no demencia a partir de los 80 años. Sólo en el caso del ejercicio físico continuado hay indicios de que podría ser beneficioso, pero no existen todavía estudios lo suficientemente completos como para saberlo con seguridad.
Lo que sí parece tener efectos perjudiciales es la diabetes y la hipertensión en la vida adulta, mientras que los tratamientos para bajar el colesterol y con antiinflamatorios no esteroides se asocian a un riesgo menor de demencia. Pero volvamos a Dobson. Ha dirigido una investigación sobre cómo los agregados de proteínas tóxicas del párkinson logran entrar en las neuronas hasta matarlas, lo que da la oportunidad de buscar nuevos tratamientos. “Es como si pusieras un pedazo de metal muy caliente sobre una superficie de plástico”, indica Alfonso de Simone, codirector del estudio. “En poco tiempo hará un agujero. El oligómero (la proteína) hace algo parecido cuando entra en contacto con la membrana celular, en un paso clave para los mecanismos que dan lugar a la muerte de la neurona”. En el trabajo ha participado la científica Nunilo Cremades, del BIFI de Zaragoza, y se publica en la revista Science.
En la enfermedad de Huntington, por otra parte, se acaba de descubrir que la acumulación de urea en el cerebro es una causa de esta demencia, lo mismo que ya se sabía respecto al alzhéimer. El alto nivel de urea se puede detectar, y tratar en el futuro, antes de que se produzca síntomas de demencia, indican los investigadores, liderados por Garth Cooper, de la Universidad de Manchester. Esta enfermedad tiene una causa genética que se relaciona con la acumulación en el cerebro de una proteína tóxica, la huntingtina, en un proceso metabólico en el que la urea, que normalmente se excreta en la orina, parece tener un papel principal. Cooper es optimista: “Si esto sucede con el alzhéimer y la enfermedad de Huntington, que están en extremos opuestos del espectro de demencias, es muy posible que sea también cierto en todas las demencias relacionadas con la edad” afirma. “Se pueden pensar que algún día un medicamento de uso común pueda detener el progreso de la demencia e incluso hacerla reversible”. El trabajo se publica en la revista PNAS.
Se estima que una de cada 10 personas mayores de 65 años tendrá alzheimer y que la mitad de las que alcancen los 90 años sufrirán algún tipo de demencia, lo que representa un grave problema de asistencia sanitaria y social, dado el envejecimiento de la población en los países desarrollados. Todo indica que con el envejecimiento fallan más los sistemas de corrección genéticos y celulares naturales y se produce la degeneración neuronal por cambios en los sistemas metabólicos, de igual forma que se estropean otros órganos del cuerpo.
Fuente: www.publico.es - Malen Ruiz de Elvira

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